Hace cinco meses que nos dejó Paco Barco y sigue entre nosotros. Quiero hacer mío su
CREDO DEL CAMINANTE
Creo en la persona, porque es la única forma de sentirme humano.
Creo en esta persona, porque así puedo soportarme a mí mismo.
Creo en la mujer y el hombre, el viejo y el niño, el blanco y el negro,
en los del Norte, Sur, Este y Oeste.
Creo en los guapos y los feos, los idiotas y los inteligentes, los sanos y los enfermos, los buenos, los menos buenos y los malos, porque me reconozco en ellos y soy, a la vez, su posible espejo.
Creo que aún es posible la esperanza, aunque ésta sea frágil y resulte difícil ser optimista,
una esperanza comprometida con nuestra tierra, con los seres vivos.
Creo en la libertad: es la forma de reconocer al otro.
Creo en el perdón, porque no es olvido, sino restituir la dignidad.
Creo que compartir es mejor que competir, y que la sobriedad es alternativa al consumismo.
Creo en la paz, que es obra de la justicia, y no de la legalidad.
Creo en la justicia, porque no existe sin la solidaridad.
Creo en la solidaridad, porque sólo es obra del amor.
Creo en el amor: es la razón de mi existencia.
Creo en Dios, que es Amor, y no me impide sino que me alienta a creer de esta manera.
Creo, también, que puedo dejar de creer.
Paco Barco Solleiro. Otoño de 1993
domingo, 16 de enero de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
HAY QUE MORIRSE, PERO ¿CÓMO?
Pues nada, simplemente muriéndose. De una de las mil maneras posibles: ¿mil?, ¿trescientas mil? ¿tropecientas mil? , incontables maneras, porque en realidad sólo hay una: una para cada uno, imprevisible, impreparable, la suya misma. Eso es lo que hay, como la vida misma de cada uno. Una de estas noches, en vez de coger el sueño, lo solté, y escribí: "Sólo a los privilegiados Dios los enfrenta a su propia muerte. La vida de los seres humanos, por razones bastante "inhumanas" -o demasiado humanas, vaya usted a saber- se ha ido llenando de tantas salidas antihumanas, que la llegada esperada, dialogada, asumida, soportada y hasta aceptada (¡!) de la propia muerte, la de uno mismo, pone al espíritu humano de nuevo en su camino... Muchísimos se mueren de pronto, en un minuto, de repente, al parecer sin enterarse de que se morían. Por el contrario, un día de este fatídico 2010, un gran amigo es capaz de escribir, de anunciarnos a sus amigos la "buena noticia" de su posiblemente cercana muerte.
Lo malo es cuando uno no se muere de su auténtica muerte, la que se desprende de su propia vida, como dijo el poeta; cuando se vive como si el final nunca se fuera a producir. El lunes 9 de agosto me viene la tremenda noticia, no menos tremenda por esperada: Paco ha tenido una fuerte recaída y se está muriendo, en pocos días al parecer. Voy a verlo en su planta de cuidados paliativos -la séptima: "y al 7º, descansó"- y me encuentro con una serenidad, una esperanza, un ánimo desconcertantes para quienes no sepan de la hondura de su fe de niño en brazos del Padre. Me releyó el soneto de Casaldáliga sobre la victoria-derrota de la muerte, y me devolvió dedicado con su propia letra el regalo que yo le había llevado. Me traigo en el alma el tremendo testimonio de un seguidor de Jesús. Amigo entrañable, conversador impenitente, corresponsal de toda comunicación, bloguero, polemista en lo divino y lo humano, hermano del alma, maestro en el saber morir. Hasta pronto.
Lo malo es cuando uno no se muere de su auténtica muerte, la que se desprende de su propia vida, como dijo el poeta; cuando se vive como si el final nunca se fuera a producir. El lunes 9 de agosto me viene la tremenda noticia, no menos tremenda por esperada: Paco ha tenido una fuerte recaída y se está muriendo, en pocos días al parecer. Voy a verlo en su planta de cuidados paliativos -la séptima: "y al 7º, descansó"- y me encuentro con una serenidad, una esperanza, un ánimo desconcertantes para quienes no sepan de la hondura de su fe de niño en brazos del Padre. Me releyó el soneto de Casaldáliga sobre la victoria-derrota de la muerte, y me devolvió dedicado con su propia letra el regalo que yo le había llevado. Me traigo en el alma el tremendo testimonio de un seguidor de Jesús. Amigo entrañable, conversador impenitente, corresponsal de toda comunicación, bloguero, polemista en lo divino y lo humano, hermano del alma, maestro en el saber morir. Hasta pronto.
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